En una universidad de cuatro siglos, hace solo 70 años que las mujeres ganaron un lugar

Si se revisan los documentos, las fotos, las crónicas de época de la Reforma Universitaria de 1918, punta de lanza de la democratización de la universidad, una primera conclusión salta a la vista: en la historia de la gesta, epicentro de un movimiento de escala continental, no aparece una sola voz, un solo rostro, una sola firma de mujer. [08.03.2018]

Por Eloísa Oliva | Algunas revisiones actuales comienzan a revelar y testimoniar la presencia de algunas de ellas en el movimiento reformista; pero su ausencia también se lee como una clave: en la materialidad de los documentos se impuso, por cien años, la exclusión de las mujeres.

UNCiencia explora en esta nota la historia y el presente de las mujeres en la UNC, las deudas de la institución y la mirada de investigadoras y funcionarias hacia el futuro.

Jaqueline Vassallo, docente e investigadora, tiene una explicación simple y clara para esta ausencia de mujeres en las crónicas de la Reforma. "La historia de la universidad no es ajena a otras; hay una historia androcéntrica de la universidad (centrada en el punto de vista y las acciones de los varones) y, por ende, hay también una historia androcéntrica de la Reforma del 18", explica.

Hoy se sabe que esta ausencia no es más que una invisibilización. Desde 1884, con el egreso de Ángela Sertini de Camponovo como partera, los libros de grado de la UNC registran egresos femeninos. Hacia la fecha de la Reforma, entonces, ya eran muchas las mujeres que circulaban en el espacio universitario.

La conclusión se desprende del Índice de las primeras mujeres egresadas de la UNC 1884-1950, riguroso trabajo que llevaron adelante Alejandra Freytes y Nuria Cortés desde el Archivo General e Histórico de esta universidad, y que lleva introducción de Vassallo, quien fuera directora de esa institución.

La publicación se enmarca en la línea de trabajo sobre género y documentación. Se realizó buscando en los libros de grado de la UNC desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX, para desgajar esa información particular de documentos generales.

La línea de corte se fijó en 1950 porque, a partir de ese momento, el ingreso de las mujeres a las aulas universitarias se produce de manera masiva, explica Alejandra Freytes, una de sus autoras. El dato es remarcable: en una universidad de cuatro siglos, hace solo 70 años que las mujeres ganaron un lugar.  

Maite Rodigou, docente, investigadora y coordinadora del Área Feminismos, Géneros y Sexualidades (FemGes) del Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades, complejiza esa idea: "Si bien empieza a ser una realidad en los 50, son los 70 los años de la gran masificación de la UNC, y esto tiene que ver con una mayor democratización de la educación superior, en la que empiezan a ingresar distintos sectores sociales".

Así, dentro de esa gran explosión demográfica, aparecen también las mujeres y, sobre todo, las mujeres trabajadoras. Se cristaliza entonces en esos años un proceso previo de dos décadas, en el que esas generaciones pensaron la idea de estudiar como algo posible. "La universidad se vuelve un espacio de formación, de conocimiento, de movilidad social", señala Rodigou.

 

Trayectorias

Pero, ¿cómo llegaron, qué estudiaron esas primeras mujeres, de quienes no conocimos su participación política? Del Índice también puede concluirse que su ingreso a las aulas fue a través de la profesionalización de las tareas de cuidado. Primero en la ya desaparecida Escuela de Partería (funcionó hasta 1968); luego en Medicina, Farmacia, Enfermería, Odontología, para mucho más adelante llegar a las humanidades, las ciencias exactas, las ciencias sociales. Ver "En el siglo XXI, el cuidado sigue siendo una tarea asignada a las mujeres".

"La elección de esas carreras no significó una ruptura abrupta con la asignación que la sociedad tiene sobre las mujeres. No le hace ruido a la sociedad patriarcal que las mujeres estudien para ser parteras, para ser farmacéuticas, médicas", explica Vasallo. Y completa: "Sin lugar a dudas, estas pioneras encontraron un intersticio en las representaciones de género para poder ganar autonomía y para poder situarse en otro lugar en la sociedad".

Un dato revelador que señala la investigadora son las exigencias para las ingresantes a la carrera de Partería: "Debían tener más de veinte años, la escuela primaria terminada y, por sobre todo, poseer 'habilidades intelectuales', una solicitud que no se expresaba decididamente para los varones que iniciaban la carrera de medicina". 

Hoy, más de un siglo después, la matrícula de la UNC está feminizada. Hay más mujeres estudiantes que hombres, excepto en algunas facultades tradicionalmente masculinas en las que "aún persisten resistencias a la incorporación de las mujeres", señala Analía Barrionuevo, directora del Programa de Género SEU UNC.

Esas resistencias pueden ser leídas como discriminatorias. Rodigou remarca que en esos ámbitos, lo que sucede a veces es un cuestionamiento a las capacidades de las mujeres, o una sobreexigencia en referencia a sus colegas varones, en la que resuena un eco de aquel requisito pedido para las pioneras estudiantes de Partería. 

En ese sentido, analizando la filigrana institucional, Rodigou señala: "No hay que banalizar o dar por sentado algunas cosas. La universidad se presenta como una ficción democrática ya dada, pero que haya lugar a procesos democráticos en esta institución, no quiere decir que la democracia y la igualdad estén instaladas, y menos en cuestiones de género. La norma escrita no garantiza las prácticas".

Por eso, la especialista  llama a "discutir la práctica concreta, la que pasa a nuestro lado, entre docentes, estudiantes, no docentes. Tenemos que abonar a mejores prácticas de educación, de docencia, de trabajo; de respeto". Que la democracia y la igualdad no queden en el terreno de la ficción.

Avances y deudas

Ciento treinta y cuatro años después del egreso de Ángela Sertini de Camponovo, y a cien años de la Reforma sin mujeres en la foto, la presencia numérica de ellas en la universidad es indiscutible. Pero hay una gran deuda que persiste, que tanto Rodigou como Barrionuevo señalan como ineludible: la incorporación de la perspectiva de género a la formación profesional.

"La perspectiva de género sigue estando en la órbita de los seminarios optativos, pero no  trasversaliza los contenidos obligatorios de las carreras. Y la realidad social nos está demandando otra situación. Muchos de los estudiantes  hacen esa formación por fuera de sus carreras, en forma extracurricular, y eso no se contabiliza dentro de su programa", remarca la coordinadora del FemGes.

Rodigou agrega un punto clave: "Lo que hace la universidad es producir conocimiento y preparar futuros profesionales, investigadores, docentes; entonces es una responsabilidad muy importante la que tiene la institución, porque luego tenemos abogadas y abogados, médicas y médicos, profesoras y profesores, pedagogas y pedagogos, comunicadoras y comunicadores, que salen de la universidad y van a trabajar, y no necesariamente tienen esta formación y perspectiva que hace a los derechos humanos".

¿En qué consiste la perspectiva de género, la mirada de la teoría feminista? En una "mirada crítica, que incorpora los sujetos sexuados en una realidad social, que incorpora la situación y los derechos de estos sujetos, y que a partir de esa mirada también la realidad se transforma, aparecen otras preguntas, otros problemas, otros desafíos", explica Rodigou, quien habla de un "sujeto sexuado y situado". Y amplía: "La historia universal no se describe desde un lugar universal sino situado. Por eso resalto que no es solamente el género: la mirada feminista es más amplia e incorpora también esas otras posiciones: género, clase social, etnia".

Por su parte, Barrionuevo también destaca la necesidad de pensar en la paridad de los órganos de gobierno de la universidad, ya que existe una menor presencia de mujeres en cargos de poder y toma de decisiones. "Incluso en las facultades donde hay una feminización de la matrícula y mayor número de egresadas", remarca la funcionaria. 

Sumar investigaciones en las temáticas vinculadas a género, para aportar a "la construcción de datos, cuyo análisis contribuya a reflexionar desde la teoría", es otro de los pendientes apuntados por Barrionuevo, así como "continuar profundizando en el arduo trabajo de sensibilizar en la temática de género, educación sexual, prevención de la violencia y promoción de  la participación política de las mujeres".

En relación a los avances, sin dudas el gran logro en la Universidad Nacional de Córdoba es la creación y el sostenimiento del Programa de Género que funciona en la Secretaría de Extensión Universitaria.

El Programa no nació de un día para otro, sino que fue el fruto de la tarea y el diálogo sostenidos en el tiempo de los núcleos de discusión y trabajo sobre las problemáticas de Género en la UNC, y cuya articulación se dio, dato no menor, en la gestión de Carolina Scotto, primera rectora mujer.

Además del Programa del área central de la UNC, han ido surgiendo diversas comisiones de género en las facultades. Rodigou entiende que esto tiene que ver con un relevo generacional, y con una escucha diferente en la sociedad y en la institución. "¡Hoy se puede hablar de teoría feminista!", se entusiasma.

Lo importante de estos espacios, concluye, es que "todos buscan mover algo de la estructura y del funcionamiento institucional. Discutir los planes de estudio, los planes de trabajo para las mujeres, incorporar la discusión por situaciones de violencia y discriminación, tanto las que afectan a mujeres como a personas con sexualidades disidentes de la heteronorma. Poner en cuestión la institución universitaria en los lugares en que está. Eso está dando una movilidad interesante, y va generando distintos desafíos".

Fuentes
Índice de las Primeras Mujeres Egresadas de la UNC 1884-1950. Freytes, Aejandra; Cortés, Nuria. Introducción: Jaqueline Vassallo.
Mujeres que mueven el mundo. Entrevista a Jaqueline Vassallo