El conocimiento como bien público: se viene un encuentro sobre revistas universitarias

Referentes de las universidades Provincial y Nacional de Córdoba adelantan los debates del Congreso Internacional de Revistas Universitarias, que reunirá del 7 al 9 de octubre en Córdoba a expertos, editores e investigadores de toda la región. (01.10.26)

¿Quién puede acceder al conocimiento que producen las universidades? ¿Quién decide las reglas para publicarlo? Estas dos preguntas y otras estarán detrás de la agenda de mesas de trabajo, talleres y presentaciones del Congreso Internacional de Revistas Universitarias (CIRU), edición Argentina.

El encuentro se realizará del 7 al 9 de octubre en la ciudad de Córdoba con un formato híbrido. Es organizado por la Universidad Provincial de Córdoba (UPC) junto con la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). En la organización también participan la Universidad Austral de Chile, la Universidad Católica Silva Henríquez (Chile), la Universidad Católica de Oriente (Colombia), la Universidad Técnica Nacional (Costa Rica), la Universidad Estadual de Ceará y la Universidad Estadual del Sudoeste de Bahía (Brasil).

Alicia Olmos, secretaria de Ciencia, Arte y Tecnología de la UPC, describe el problema de fondo que sobrevolará en el congreso: “La producción científica es un bien público, pero quienes investigamos, muchas veces para publicar o para leer los avances hay que pagarle fortunas en dólares a editoriales multinacionales”.

Durante el congreso se leerá y firmará la Declaración de Córdoba, “una proclama para decirle al mundo que el conocimiento es un bien público, un derecho de la gente”, remarca.

Por su parte, Alejandra Nardi, directora de la Oficina de Conocimiento Abierto de la UNC, ubica los problemas de las revistas universitarias en dos planos. El primero es político. “Mientras los sistemas de evaluación sigan privilegiando la publicación en determinadas revistas comerciales internacionales, las revistas universitarias van a competir en desventaja y muchos trabajos valiosos van a terminar fuera de nuestras universidades, muchas veces pagando para publicar”, explica.

El segundo desafío es la sostenibilidad. Las revistas universitarias son de acceso abierto diamante (no se cobra ni a quienes leen ni a quienes publican), pero eso tiene un costo que no siempre se ve. “Muchas veces se sostienen con trabajo voluntario o poco reconocido. Por eso, en la UNC estamos trabajando para que los equipos editoriales tengan reconocimiento y valorización institucional”, agrega Nardi.

Oportunidad y desafíos de la ciencia abierta

Para Olmos, las revistas universitarias cumplen un rol formativo que va más allá de la publicación de resultados. Las define como “la oportunidad que la universidad tiene para conversar con los territorios desde donde estudiantes, docentes, población en general se constituye en la sociedad que somos”.

También son un refugio para la ética de la investigación: “Se enseña a investigar reflexivamente, a no someternos a las métricas comerciales y a responder a las necesidades de nuestra región”.

Las revistas universitarias son un emblema de la ciencia abierta. Sin embargo, Nardi advierte que la ciencia abierta no transforma la enseñanza de manera automática. “Si simplemente incorporamos artículos en acceso abierto y seguimos enseñando de la misma manera, no cambió nada”, explica. Y apuesta a que ya en la escuela media se enseñe al estudiantado a no ser solo “consumidores de conocimiento”.

Nardi detalla: “Deben aprender a producirlo y a examinarlo críticamente, trabajando con datos abiertos y proyectos de ciencia ciudadana”.

Otras innovaciones, además de la IA

Consultada sobre las innovaciones que atraviesan hoy a la edición científica, Nardi corre el eje del debate: “Las innovaciones más importantes no son de inteligencia artificial, aunque sea lo que más se discute”.

En cambio, menciona la transformación de los modelos de publicación  (preprints, revisión abierta, publicación continua) y el crecimiento de herramientas y plataformas abiertas que permiten a las universidades gestionar y difundir sus propias revistas sin depender de grandes empresas editoriales, lo que describe como una forma de cuidar nuestra autonomía.

Sobre la IA en particular, su posición es de cautela: “No creo que haya que celebrarla ni demonizarla”. Y apunta: “Puede ayudar a verificar referencias, trabajar metadatos o traducir resúmenes en equipos editoriales pequeños, pero también facilita el fraude a escala”.

Por eso insiste en que cada revista tenga una política clara sobre qué usos se permiten y cuáles se deben declarar, una decisión que tiene que tomar la comunidad editorial, no la empresa que vende la herramienta.

Qué se van a encontrar quienes participen

Olmos adelanta que el congreso fue pensado para romper con el formato expositivo clásico: “Desde el principio nos propusimos romper cánones para crear nuevas formas de hacer”.

Habrá discusiones sobre IA, ética de la información y comunicación pública de la ciencia en las distintas sedes: Ciudad de las Artes, la sede Carlos Paz, la Academia Nacional de Ciencias y el Ceprocor, en Punilla. Todas las charlas se podrán seguir de manera virtual.

Más info en el sitio web del Congreso.