Estancias Jesuíticas

Las estancias formaron parte de un importante proyecto de producción destinado a sostener las instituciones religiosas y educativas que fundó la Orden religiosa de los jesuitas en Córdoba. A diferencia de las reducciones del Paraguay y el norte argentino, cuyo propósito era la reorganización social y educativa de los aborígenes, en las de Córdoba floreció la producción agrícola y vitivinícola, a la vez que se levantaban "algunas de las más bellas obras de arquitectura colonial del país", como se asegura en la Guía de Arquitectura de Córdoba editada en 1996 por las ciudades de Córdoba y Sevilla.

En esa obra se explica que las estancias responden al tipo de conjunto monástico instaurado durante siglos en Europa y luego trasladado a América: una iglesia, cementerio contiguo, claustros para residencia de los monjes y para talleres y vivienda de indígenas. "Las emparenta el ingenio y la capacidad de sus autores para adaptar las soluciones europeas a las condiciones tecnológicas y ambientales locales, de lo que han resultado obras de gran originalidad", sostienen los autores Marina Waisman, Juana Bustamante y Gustavo Ceballos.

De todo el conjunto, sobresale el trayecto que une a la capital cordobesa con Santa Catalina, sobre la huella del Camino Real: un sendero que transitaban los conquistadores españoles para llevar mulas y tejidos desde Córdoba hasta las minas de Potosí (Perú). Quedó allí una extraña y fascinante fusión de cultura y naturaleza, un perfecto encuentro que no deja de sorprender al visitante.

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