Claudio Franceschi: "La longevidad es uno de los índices más adecuados para evaluar el nivel de vida de una población"
El reconocido inmunólogo italiano, especializado en estudios del envejecimiento, recibió el pasado martes 26 la máxima distinción de la Casa de Trejo, el título Doctor Honoris Causa, en una ceremonia celebrada en la Escuela de Graduados de la Facultad de Ciencias Médicas. En su conferencia, compartió los últimos avances científicos sobre la problemática y reconoció que al volverse viejo, el humano se convierte en el inadaptado de la evolución. [28.08.2008]
"No fuimos seleccionados y programados para envejecer. El envejecimiento es un subproducto no querido para la evolución que, por el contrario, ha perseguido la optimización de los sistemas biológicos". Con esa sucinta aseveración, Carlos Franceschi, el prestigioso científico italiano especializado en senescencia e inmunología, y docente de las universidades de Bologna y Padova, abrió la disertación magistral que brindó tras recibir el título Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba.
La ceremonia, celebrada en el Salón Rojo de la Escuela de Graduados de la Facultad de Medicina, estuvo presidida por el vicerrector Gerardo Fidelio y contó con la participación del vicedecano de Ciencias Médicas, Luis Spitale, y la titular de la Facultad de Odontología, Carmen Visvisian, entre otras autoridades universitarias. También estuvo presente el director del Instituto Italiano de Cultura de Córdoba, Luigi Volta.
Bajo el título "Envejecimiento y longevidad. Desafío global para el tercer milenio", la clase de Franceschi repasó los hitos históricos que marcaron puntos de inflexión en la problemática. Recordó la revolución demográfica iniciada en 1840, la cual en menos de dos siglos elevó la expectativa de vida de casi 40 años a más de 80 años, y puntualizó que actualmente en la Unión Europea la probabilidad de sobrevivencia está aumentando a razón de más de dos años por década. "Es un fenómeno progresivo y regular que no muestra signos de declinación y al que ha contribuido, entre sus causas más importantes, la disminución de la mortalidad después de los 65 años, pero en particular luego de los 80 años", explicó.
Si bien este extraordinario aumento ha interesado especialmente los países económicamente desarrollados, involucra a todos los estados, incluso a los gigantes demográficos como China e India. Por ello, el especialista sostiene que debe ser considerado como un fenómeno planetario y global. En esa línea, se reconoció optimista y espera que la mitad de las niñas y un tercio de los varones nacidos durante el año en curso llegarán a ser centenarios.
Longevidad y políticas públicas
Ante el panorama descripto, Franceschi propuso considerar la longevidad como uno de los indicadores más adecuados para evaluar el nivel de vida de una población. "Desde esta perspectiva, debemos reconocer a las generaciones inmediatamente anteriores por haber acumulado riquezas y haber dispuesto servicios fundamentales que posibilitaran el mejoramiento general de las condiciones de vida. Si por alguna razón, los parámetros económicos empeoraran y la asistencia médica y social disminuyera en calidad y cantidad, la longevidad podría retroceder a niveles más bajos, como pasó recientemente en Rusia", ejemplificó.
De todos modos, esta "extraordinaria revolución demográfica", como la denominó, ha conllevado un cambio inusual desde el punto de vista epidemiológico: un progresivo decrecimiento de las enfermedades infecciosas, acompañado por un paulatino aumento de todas las patologías crónico-degenerativas ligadas al envejecimiento, como las cardio y cerebro vasculares, infartos, diabetes, la mayor parte de los tumores, demencias, artritis y osteoporosis. "Son fenómenos a menudo procedidos por lo que llamamos fragilidad del anciano y seguidos por la discapacidad y la pérdida de autonomía", sintetizó.
Hasta hace tres décadas, la base biológica del envejecimiento era casi totalmente desconocidas. Gracias a la puesta a punto de adecuados modelos experimentales con pequeños animales se sabe que los tres componentes de este fenómeno y de la longevidad son el ambiente, la genética y la estocasticidad (azar), según relató el inmunólogo italiano.
"En estos animales -cuyo genoma está todo secuenciado y por esa razón es posible efectuar con ellos refinados experimentos de genética-, se han identificado centenares de genes de longevidad cuya modificación permite prolongar hasta 20 veces la longitud de su vida. De esta manera, se empiezan a aclarar los mecanismos subyacentes biológicos fundamentales", comentó.
No obstante, los estudios en humanos resultan más difíciles, en función de objetivas limitaciones éticas y experimentales que no han permitido explorar nuevos fenómenos, casi ausentes o de todos modos difíciles de estudiar en modelos animales.
Al momento de dilucidar las razones que impulsan sus estudios y los intentos de comprender qué ocurre con el sistema inmunitario en la ancianidad, Franceschi reconoció que la mayor motivación es la convicción de que los genes de longevidad y los mecanismos que ésta controla son los mismos que ayudan a los seres humanos a vivir sanos y evitar -o posponer significativamente- las mayores patologías e inhabilidades motoras y cognitivas conectadas con la edad.
De esa manera, el científico enunció una serie de consideraciones que surgen de los resultados a losque arriban las diversas investigaciones sobre la temática. A su criterio, la información obtenida indica que el envejecimiento es un fenómeno plástico y maleable, capaz de ser profundamente modificado por factores ambientales, culturales y sociales, además de biológicos. Y señaló que todo el proceso debe ser considerado -desde el punto de vista biológico- una remodelación, una adaptación de nuestro cuerpo a los daños e insultos externos, patógenos, tóxicos, físicos y químicos internos, a los cuales estamos continuamente expuestos.
En la misma línea, consideró que el envejecimiento y la longevidad es el resultado de un equilibrio entre dos fenómenos de tipo darwiniano. El primero, representado por esos fenómenos somáticos de remodelación y adaptación del cuerpo a la acumulación de daños macromoleculares que no han sido curados. El segundo, fundamentado en el hecho de que ese complejo y continuo proceso de readecuación sucede según reglas y mecanismos de control que no prevén envejecimiento. Se trata de mecanismos establecidos en el curso de la historia evolutiva de nuestra especie que fueron seleccionados para otros fines, como el desarrollo, la supervivencia hasta la edad adulta y la reproducción.
"Así, nos encontramos, de viejos, con una serie de genes que controlan la producción de energía, el metabolismo, las respuestas inmunitarias y el comportamiento que fueron seleccionados en el curso de la evolución para actuar en cuerpos jóvenes expuestos a ambientes donde el acceso a la comida, el ejercicio físico y la higiene ambiental eran fundamentalmente distintos de lo que hemos creado hoy los países ricos. En otras palabras, siendo viejos nos convertimos cada vez más en los inadaptados desde el punto de vista evolutivo", sostuvo.
Desde este punto de vista, explicó, los genes de longevidad serían aquellos de respuesta al estés, que permiten al organismo acumular menos daños y repararlos de la mejor manera durante todo el arco de la vida, con efectos mínimos o sin repercusiones negativas . Esta conceptualización es fundamental para comprender no sólo el envejecimiento y las patologías crónico-degenerativas, sino también un conjunto de importantes patologías, desde psiquiátricas hasta metabólicas, explicó.
Sobre el final de su presentación, bregó para el establecimiento de lazos de cooperación entre la UNC y la Universidad de Bologna en investigación sobre la temática, una iniciativa capaz de reunir proyectos fragmentados. "Pienso que a un problema tan difuso y global, debemos responder con iniciativas unificadoras", propuso.
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Carlos Fanceschi ejerce la docencia en las universidades de Bologna y Padova. También enseñó en la casa de altos estudios de Modena. Es autor de ocho libros y publicó más de 500 artículos de investigación en revistas indexadas. Ha sido citado 7.800 veces. Fue director del Instituto Nacional de Descanso y Cuidado de Ancianos en Ancona, y desde 2000 se desempeña como director del Instituto Luigi Galvani de la Universidad de Bologna, donde desarrollan sus actividades 35 investigadores de alto nivel académico y científico. En este centro, trabaja en el área de la biogerontología y es pionero en el estudio de la longevidad en humanos centenarios, con particular atención en estudios de inmunología y genética. Su trabajo científico actual ha estado centrado en aspectos éticos y tratamientos de datos personales, enfermedades neurodegenerativas, sistema inmunológico, apoptosis y cáncer, expresión de los genes e inmunosenescencias, campos electromagnéticos, genética de los ancianos saludables, entre otros. Desde 1997 es coordinador del estudio biológico multicéntrico sobre centenarios italianos e integrante del comité italiano de la ancianidad del Instituto Italiano de Investigaciones. Además forma parte del grupo de investigación orientada en biología molecular del envejecimiento de Europa, apoyado económicamente por la Comunidad Europea. |










