Vínculos entre estudiantes, un factor que evitaría las adicciones y los retendría en la universidad
Los estudiantes universitarios que consumen alcohol, ¿son sólo usuarios o potenciales
adictos? Éste es el interrogante de un grupo interdisciplinario de investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) que desde hace un año indaga la relación de los jóvenes con las bebidas alcohólicas y el papel de la universidad como espacio de contención de las adicciones.
Según los datos recogidos en el estudio exploratorio, todos los estudiantes probaron bebidas alcohólicas, las que, a su vez, se convierten en un medio para tejer relaciones con sus pares. "El consumo es un modo de relacionarse y compartir, que relaja los frenos inhibitorios y facilita la aproximación. Este uso social también los lleva muchas veces a emborracharse", explica Adriana Sismondi, antropóloga y miembro del equipo que presentó las conclusiones preliminares del estudio en el Foro de Educación y Psicología que tuvo lugar la semana pasada en la Facultad de Psicología de esta casa de estudios (ver Foro de educación y psicología).
Los especialistas indagaron, además, sobre el lugar que ocupa la universidad al momento de revertir estas prácticas que pueden perjudicar la salud y el rendimiento académico de los estudiantes. "Es importante determinar si la vida universitaria expulsa a quienes tienen inconvenientes con sustancias adictivas, o por el contrario, es un espacio de contención que inhibe los consumos problemáticos", apunta Sismondi.
Así, la mayoría de los alumnos, especialmente los ingresantes, expresó que el ámbito universitario no los contiene y no se sienten partícipes. "La universidad es para ellos cosas concretas, como el grupo de estudio o sus vínculos más directos, no hablan de estructura de servicios ni organización funcional", dice Hebe Rigotti, psicóloga y una de las autoras del trabajo.
Sin embargo, la sensación de no pertenecer a la institución se revierte cuando encuentran grupos de estudio. Desde ese momento los amigos serán el sostén del estudiante. "Frente a la numerosidad y el consecuente anonimato, los chicos más desvalidos no abandonan si tienen compañeros que realicen eficazmente por ellos los diferentes trámites relacionados con el cursado", describe la antropóloga.
De esta forma, para mantener el sentido de pertenencia y recibir la contención de los pares, el adolescente debe formar parte de la población estudiantil, por lo que necesita frecuentar las aulas y dedicar tiempo al estudio. Así, la ingesta de alcohol, que puede alcanzar niveles significativos, en determinado momento se debe "cortar" para dar paso a las actividades académicas. "Podemos pensar que ese consumo que se fundamenta en la necesidad de reducir la tensión psicológica o de contrarrestar la sensación de estar perdido entre la multitud, pasa a segundo plano cuando esos sentimientos se minimizan al formar parte de un grupo", subrayan las investigadoras.
Beber y estudiar
El trabajo analiza las representaciones y las actitudes de más de 300 alumnos de primer a quinto año de la carrera de Psicología frente al consumo de alcohol, y cómo influye en las relaciones cotidianas, los compromisos de trabajo y el rendimiento académico.
Los encuestados reconocieron que tomaron alcohol por lo menos una vez a partir de los 14 o 15 años, especialmente cerveza y fernet con coca. También, admitieron que beben para sentirse bien entre sus amigos y, en menor medida, por necesidades personales, como paliar sentimientos de tristeza, inseguridad e insatisfacción.
Además, el relevamiento determinó que conocen los riesgos de beber frecuentemente, pero continúan haciéndolo. En este sentido, la falta de otras opciones, el hecho de que los amigos tomen, y la asociación del alcohol con la noche y la diversión, son factores de gran relevancia para explicar este comportamiento contradictorio, tal como señala la investigación.
Con respecto al rendimiento académico, la mayoría está atrasada en el cursado de la carrera, en promedio, entre dos y tres años. "Las notas varían entre cuatro y seis, y los alumnos reprueban casi el 50 por ciento de las materias que rinden. Sin embargo, ellos perciben este desempeño como bueno", indican las especialistas.
Hasta el momento, la información recavada no da cuenta de una relación positiva entre el alcohol y los pobres resultados en el estudio, ya que los jóvenes dijeron no consumir alcohol cuando tienen que rendir parciales o finales. "Si pueden frenar frente al compromiso académico, no se los puede considerar adictos, y este comportamiento no tendría influencia en su paso por la universidad", concluye Rigotti.
El grupo de trabajo
La investigación "Consumidores/usuarios universitarios: ¿potencialmente adictos?" es llevada a cabo por Adriana Sismondi, Hebe Rigotti, Andrea Milesi y Valentín Peralta, y cuenta con un subsidio de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC . A diferencia de otros estudios sobre la temática que profundizan en las consecuencias dañinas de este comportamiento, los profesionales de la universidad optaron por salir del patrón de los criterios biomédicos (que hablan de uso, abuso y adicción) y analizar el significado que estas prácticas tienen en el mundo adolescente."Para los chicos, tomar alcohol, fumar marihuana o cigarrillo va más allá de las secuelas negativas. Es importante reconocer la funcionalidad que el consumo trae aparejado, porque, de otro modo, perdemos de vista el área principal sobre la que podemos intervenir", señala Rigotti. En ese sentido, destaca que, al indagar sobre el papel de la casa de estudios para contener y evitar las adicciones, este abordaje exploratorio podría ofrecer información útil a tener en cuenta al momento de plantear políticas universitarias vinculadas a los alumnos y a su abordaje integral.
Foro de educación y psicología
El 11 y 12 de mayo se realizó en la Facultad de Psicología el "Primer foro de educación y psicología", declarado de interés educativo por el Ministerio de Educación de la Provincia. El encuentro se realizó con el objetivo de discutir temas relacionados con el sistema educativo actual y aportar desde la disciplina académica. En siete mesas de trabajo, 240 personas abordaron diferentes aristas de la formación en todos los niveles, como la salud, la enseñanza especial, la violencia en las aulas y los procesos de aprendizaje, entre otros ejes. "Con esta iniciativa quisimos retomar el concepto clásico de foro romano y ágora griega, con la idea de que todos nos encontremos como iguales en un espacio democrático, y desde las distintas posiciones y lugares de trabajo pensar colectivamente la educación, porque es un problema de todos", señala Claudia Torcomian, secretaria de Extensión de la unidad académica. Luego de las ponencias, los concurrentes redactaron un documento que se publicará en un CD y se distribuirá en diferentes lugares de Córdoba.










