Honoris Causa para destacado neurólogo canadiense
“No hay hecho más desolado que una mente humana arruinada y, lamentablemente, las estadísticas sugieren que una de cada tres personas va a sufrir un daño cerebral en la vejez, a menos que trabajemos más para prevenir o postergar esas lesiones”, indicó Vladimir Hachinski, el neurólogo que creó en la década del ’70 la Escala Isquémica, una prueba cuantitativa que se utiliza a nivel mundial para diferenciar clínicamente la demencia que produce la enfermedad de Alzheimer de la vascular.
El experto recibió el pasado lunes 5 el máximo grado académico que otorga la Casa de Trejo de manos del rector de la UNC Jorge González, en el histórico Salón de Grados. Especializado en ictus y demencia, reconoció que los hábitos de vida actuales atentan contra la buena salud del cerebro: “Hay una epidemia de obesidad, la gente no hace actividad física y no come sano. Es una tendencia mundial, en países desarrollados y del tercer mundo”.
Según señaló, las patologías cerebrales se producen por causas genéticas y factores de riesgo como la hipertensión, la inactividad física o el alto colesterol, cuadros que se pueden tratar y prevenir. En ese contexto, subrayó la necesidad de estudiar los trastornos cognitivos vinculados a las lesiones cerebrovasculares, y de diagnosticar tempranamente las demencias.
En el acto estuvieron presentes, además, el decano de la Facultad de Ciencias Médicas, José María Willington; el vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Carlos Ruibal; y el secretario de Ciencia y Técnica de la UNC, Carlos De Pauli, entre otras autoridades.
El cerebro en peligro
Durante su disertación, titulada “El cerebro amenazado”, el investigador y profesor de la Universidad de Western en Canadá, planteó que el mayor inconveniente en el campo de la neurociencia en la actualidad es la “superespecialización”. “Se estudian de manera separada las lesiones cerebrovasculares y el Alzheimer, dos enfermedades con antecedentes y causas comunes”, criticó.
Asimismo, subrayó que otra falencia importante del abordaje que hoy se hace de las patologías mentales es el pronóstico tardío. “El Alzheimer se produce por lo menos 20 años antes de que presente manifestaciones clínicas y los infartos silentes vasculares ocurren una década antes del infarto clínico. Entonces, para hacer efectivo el tratamiento, quienes tienen predisposición genética a sufrir demencia deben realizar los estudios pertinentes antes de los 50 años”.
Con respecto al futuro de la investigación en el campo de la Neurología, Hachinski se mostró optimista debido a que los científicos comenzaron a utilizar un vocabulario común para tratar los trastornos cognitivos y los daños cerebrovasculares, lo que, aseguró, permitirá avanzar conjuntamente en los conocimientos y abordar la problemática de manera coordinada.










