"El juicio por jurados es un espacio de encuentro"
Desde hace 4 años esta modalidad se ha desarrollado en la provincia, circunscripta específicamente a casos de corrupción y algunos delitos aberrantes. Un equipo de investigación dirigido por María Inés Bergoglio está estudiando la vinculación entre el juicio por jurados, la participación popular en la administración de justicia y las consecuencias en las penas.
JUSTICIA, PARTICIPACIÓN E IMPACTO PENAL | La experiencia del juicio por jurados comenzó a implementarse más intensamente en Córdoba hace algunos años, en un contexto de reclamos contra "la inseguridad" y por un mayor endurecimiento de las penas. Como muchas de las reformas que se introdujeron en ese momento, suscitó polémicas y sospechas respecto de sus motivaciones y sus resultados. Para conocer sobre el impacto de esta propuesta en la provincia de Córdoba, Hoy la Universidad dialogó con la socióloga María Inés Bergoglio, del Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociales de la Facultad de Derecho de la UNC, quien dirige un equipo de investigación que ha indagado los resultados y las implicancias de los juicios por jurados.
-El juicio por jurados ha sido históricamente un instrumento para atenuar las penas. ¿Cómo se explica que su surgimiento en Córdoba haya sido en un contexto de endurecimiento penal?
-En el momento de sanción de la ley había un movimiento social creciente liderado por Blumberg, pidiendo endurecimiento de castigos, que el gobierno estaba interesado en frenar. Blumberg buscó asesoramiento en Estados Unidos para sus propuestas, y de allá vino con un menú de reformas que incluía, entre otras cosas, el juicio por jurados. De hecho, el juicio por jurados está en nuestra Constitución desde 1853 y no se había implementado. Nos interesaba estudiar la brecha entre la ley y las prácticas, esa situación de tener una Constitución garantista, y luego en la vida real dejar el librito en el armario.
Y también veíamos una segunda cuestión: la propuesta de los funcionarios sobre el tema parecía más una jugada para frenar las protestas y los reclamos y mostrar cosas nuevas, que una intención comprometida de cumplir con la Constitución. En ese momento, además, la imagen de los jueces estaba hecha trizas: sólo el 16% de la gente creía en la justicia. Entonces, parecía más bien una medida orientada a desmovilizar las manifestaciones y relegitimar a los jueces. Por otra parte, era una medida muy bien vista por Estados Unidos, que financió un programa del Ministerio de Justicia destinado a analizar la posibilidad de implementarlo a nivel nacional.
-¿En Córdoba la experiencia del juicio por jurados derivó en un endurecimiento de las penas, como podía sospecharse?
-El análisis de las sentencias, en las que puede verse cómo votaron los jueces y los jurados, muestra que los ciudadanos comunes no son más duros que los jueces. La enorme mayoría de los casos (que fueron 54 entre enero de 2005 y diciembre de 2007) se resolvió por unanimidad, mostrando altos niveles de acuerdo entre jueces y jurados.
La gente que participó como jurado te transmite esto: "No es lo mismo pedir más castigo en una manifestación que enfrentarse con la cara de la persona acusada. Está ahí adelante, tiene hijos, a lo mejor llora durante el juicio, o te enterás de las cosas que le pasaron, cómo llegó a esto, su situación económica, no es lo mismo". La gente puede tener una postura dura en un debate político o en una manifestación, pero su reacción es distinta cuando tiene a la persona adelante.
Los jueces y los abogados tenían mucho miedo de que el juicio por jurados llevara a penas más duras. Pero la práctica del juicio por jurados en Córdoba no está dando razones para justificar esos temores. Por supuesto que hay que seguir monitoreando la experiencia que es todavía corta, pero no parece que ese riesgo sea importante.
-¿Cómo valoran los jurados su experiencia?
-Todos los jurados que nosotros hemos entrevistado volvieron felices, encantados, diciendo que aprendieron mucho. A veces esa alegría tiene que ver con la sensación de que les dieron un lugar, les hicieron sentir que su opinión importa, aunque sea con pequeños detalles. Nosotros estamos viendo que el juicio por jurados es un espacio de encuentro: entre los jurados y los jueces, entre la gente común y los abogados, y entre la gente común y los acusados de cometer delitos. Evidentemente esta experiencia, como la mediación, enciende algunas luces sobre lo que significa la posibilidad de participar en los temas de administración de justicia. Mucha gente comenta que cuando le llegó la citación para ser jurado pensó que era parecido a ser presidente de mesa en las elecciones, pero que después se dieron cuenta de que era otra cosa, que aunque lleva más tiempo era una oportunidad de hacer justicia a la que no podía decir que no.
-Dentro de los delitos que son juzgados por jurados, ¿hay variaciones en las sentencias según se trate de un delito u otro?
-Hay dos grandes categorías de delitos que se juzgan de este modo: homicidios graves y casos de corrupción. Aunque estamos recién empezando a indagar eso, tenemos la impresión que en los homicidios que incluyen abuso sexual puede haber algún endurecimiento, tanto por parte de los magistrados como de los ciudadanos comunes. Por ejemplo, hay cuatro casos en los que jueces y jurados han decidido más pena que la solicitada por la fiscalía, un hecho muy poco frecuente. Se trata de homicidios que implicaban también abuso sexual. Son muy pocos los casos de corrupción que han llegado a juicio hasta ahora, pero es posible que allí los jurados sí sean más duros que los jueces.























